Sunday, April 27, 2008

Rojo

Tara Sullivan

La mujer que su amante llamaba Cerise, se preguntaba qué haría él cuando encontrara su cuerpo envuelto en rojo, como ahora se veía en el espejo. La segunda vez que el vino a su departamento le regaló un par de bombachas de color rojo bombero. Se las puso. Ella comenzó a recibir regalos, no sólo los martes por la noche cuando iba a visitarla, sino una docena de rosas rojas un lunes, más lencería roja un jueves, un sillón de terciopelo rojo entregado a su apartamento un miércoles. Luego llegó una caja de vino tinto, una cesta de frutas con uvas rojas, sabanas de color rojo satinado, papel perfumado de escribir de color rojo, una cartera de cuero rojo rubí con una hebilla de oro, pintalabios rojo caro, un ramo de amapolas rojas, más carteras rojas. Los regalos se sucedían sin fin, durante semanas. Siempre de rojo. Cerise nunca le dio ningún regalo. El último regalo que recibió fue hace unos días cuando tres hombres llegaron con baldes, cepillos, sobretodos, cinta adhesiva, sabanas, muchas sabanas. Vinieron a pintar su apartamento de rojo: cada pared, los marcos de los ventanales, las puertas, los techos. Terminaron su trabajo hace unas horas. Lo único que dejaron atrás fue una sabana blanca que tapaba el sillón de terciopelo rojo al lado de su cama. Cerise se envolvió en esa misma sabana, blanca con excepción de una salpicadura de pintura roja, tomó la navaja del estante del baño, caminó de vuelta a su cama, y se cortó las muñecas. El regalo perfecto para su amante.

Traducido por la autora.

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