Sunday, April 27, 2008

La letra p

Sharon Haywood

En el fondo de la casa, tendida sobre el pasto crecido, Sara peina las briznas suaves del césped con los dedos, lentamente, rítmicamente. Mira al cielo y tararea suavemente “La canción de la P” de Plaza Sésamo. Ladeando la cabeza primero a la derecha, luego a la izquierda, ve un gatito que estira las patas delanteras dentro de las nubes que van mutando. Poco a poco, el viento tira suavemente de las zarpas del gato. Las alargadas zarpas se unen y una gruesa serpiente se desliza, mientras abre la quijada lentamente, sus pequeños colmillos se multiplican.

Portazo

La puerta mosquitera rebota y vuelve a cerrarse de golpe, con un poco menos de fuerza que la primera vez. Sara se estremece, espera conteniendo la respiración, y escucha: sólo el viento, que ahora sopla con un poco más de fuerza. Sara exhala, respira profundamente, y empieza a tararear otra vez. Se concentra para tratar de ver otra forma que no sea la terrorífica serpiente. La serpiente se desliza hasta transformarse en una sirena con rizos que se enrollan de forma curiosa y le llegan a la punta de la cola. La cola se divide en dos serpientes más pequeñas.

Grito

La madre de Sara insulta a los gritos. Sara traga con fuerza, esperando que, al tragar las amenazadoras lágrimas que le obstruyen la garganta, también pueda aplastar las mariposas de su estómago. Su padre contesta con profundos bramidos amenazadores. Entrecerrando los ojos, Sara cuenta los soldados que están formando en fila—uno, dos, tres, cuatro, cinco, que se perfilan contra el fondo celeste de su pintura de nubes vivas.

Estallido

Los platos se hacen añicos. O quizás sean los vasos. Luego se oyen sollozos. La mano de Sara se desliza hasta su estómago. A un grito le sigue un portazo. Al portazo le sigue un bramido. Con los ojos bien cerrados, Sara aprieta fuertemente con la mano para que las mariposas, y también la pelea, dejen de hacerle doler el estómago. Espera. Nada. Espera.

Estallido
Portazo
Chillido

Sara deja de apretarse el estómago, y se cubre ambos oídos con las palmas de las manos. El viento es frío. Sus brazos y piernas desnudos se cubren de piel de gallina. Las olas estallan. Los leones rugen. Los unicornios se alejan al galope. Sara imagina que se van a un lugar seguro que ella no puede ver en las nubes.

Gritos
Bramidos

Introduce los dedos índices en sus oídos tan profundamente como puede. Mordiéndose el labio inferior, Sara vuelve a tararear. Añicos. Portazos. Gritos. Bramidos. Una gota de lluvia rebota a un costado de su nariz y se desliza hacia abajo por su mejilla. El cielo está oscuro. Ya no hay gatitos ni sirenas. También se fueron los soldados. Sara cierra bien los ojos. Otra gota. Sara ya no tararea, ahora canta. “P de panqueque, P de panqueque.”

Goteo.
Goteo.

“La letra P. ¿Qué les parece unos pepinillos con pastrón?”

Goteo.
Goteo.
Goteo.

“P de puerco, P de puerco.” Truenos silenciosos. Ahora las gotas caen rápidamente. Sara no se mueve y mantiene los ojos bien cerrados. “Pastel de papa, pastel de papa, la letra P.”

Traducida por Gabriela Bekenstein

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